martes, 28 de diciembre de 2010
incompleto
Al final nunca hay ni un principio ni un final, las puertas no se cierran hasta que no se lee la ultima pagina del libro, solo ahi se pueden volver a abrir, cuando el jazz inunda la sorda lejanía de un recuerdo que no tiene tanta memoria, y que mas alla de los esfuerzos por recordar se han esfumado, y cuando las puertas se intentan abrir de nuevo, el manojo es tanto mas grande que ayer y falta identificarlo, faltan los olores, faltan las sensaciones y las aprensiones de las viejas fotografias regadas por un hogar que poco tiene de la infancia aquella, a tirones gritan que no hay mas que difusas imagenes que ya no son evidencias de nada, lo abrumador de intentar seguir recordando se vuelve agotador y gira sin detenerse, hasta que la puerta no se cierra por un portazo, se abre desde la manilla, se conecta con una caracola jamaiquina que adentra en los sonidos de un alma mas curada que abatida,
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